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Pablo Carbonell
Escrito por Ana Leñador   
 

El cantautor del absurdo


El gaditano hace gala de su clásico humor surrealista en  Benalup de la mano de su espectáculo musical ‘Canciones de cerca’

Ataviado con un mono de trabajo naranja, el polifacético Pablo Carbonell hizo aparición sobre el escenario cuando el público todavía paladeaba los últimos bocados de su cena. «Esto es un homenaje a Pink Floyd», bromeaba el músico, presentador, actor y director gaditano. Solo con su guitarra, este cantautor atípico hizo gala de su humor surrealista a través  de un gran repertorio de canciones en las que la letra se imponía con creces a la música. «Este tema se toca con Sol y Do». El artista, que prepara su nuevo disco en la Muela, en el estudio de su primo Eloy Sánchez-Gijón, presentó el miércoles por la noche en Benalup su espectáculo musical Canciones de cerca junto a dos de sus grandes colegas, el Gran Wyoming y el cocinero José Andrés, que se encontraban en una de las mesas más próximas al escenario.
«Mira como floto, ¿me haces una foto?». Frases insólitas, chistes absurdos y anécdotas surrealista fluyeron por la sala aderezadas con tintes del mejor blues, rock y country americano. Carbonell combinó en su atípico show  canciones de sus anteriores discos, temas inéditos y clásicos bien conocidos. Sevillanas globales, El calimotxo de mamá, Soy masón, El mono de la NASA o Este chico no, no, no, no te conviene arrancaron las carcajadas de la audiencia, que participaba con aplausos y coreaba los hilarantes y satíricos estribillos. Tras la primera parte, el músico regaló a sus seguidores la popular Agüita amarilla, clásico de su antigua banda, los Toreros Muertos.
Un ‘Gran’ amigo
A mitad del concierto, Carbonell invitó a sus colegas José Andrés y el Gran Wyoming a subirse con él al escenario. Ante la negativa del cocinero, el presentador del Intermedio no se hizo de rogar y tras un par de «chistes gaditanos» soltó un «voy a darle categoría al espectáculo» y se lanzó con una versión del Like a rolling stone. Antes de volver a su asiento, Wyoming interpretó Tramperos de Connecticut y arengó a los presentes para que se animaran a cantar algunas frases.
Pablo Carbonell cogió el testigo a su compañero para interpretar con el pianista Manolo Moro clásicos como Moonriver de Henry Mancini, célebre por la banda sonora de Desayuno con Diamantes, o My Way, popular gracias a la versión del maestro Frank Sinatra. «Ahora voy a tocar una de los Beatles», adelantó justo antes de arrancarse con una peculiar versión en castellano de Let it Be, bautizada como Letra B. «La letra b nos mira desde el cielo, junto a Juan Pablo II», bromeaba el músico.
Para terminar una velada dedicada a la canción de autor más absurda y surreal, el director de Atún y chocolate cantó Volver (con la frente marchita) de Carlos Gardel, a la que siguió Ay que gustito pa´ mis orejas, tema que compuso para Raimundo Amador.
   

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