Encuesta

¿A qué estrella de la música te gustaría ver en Cádiz en un concierto?
 
¿Cual es el soporte en el que escuchas tu música?
 
El Boss político



El aura del Boss quizá se ha mellado por su posicionamiento político, pero es la referencia

El Springsteen que llega a España no se diferencia mucho de aquel que durante los 70 se erigió como gran defensor del rock and roll. Un rock and roll que, partiendo desde las raíces yanquis, él elevó hasta la épica. Aunque erosionado por el devenir que le ha rasgado las ilusiones, aplacado el ímpetu, limado los espolones y sofocada la inspiración, Bruce Springsteen es un icono de Occidente y lo logró sin caer en la impostura, pues en verdad él era un chico humilde rebosante de sueños, magnetizado por las chavalas chéveres, idealista de la automoción y enamorado del rock and roll como modus vivendi. ‘I’m A Rocker / Soy un rocker’, jaleaba en su LP ‘The River’ (80), y no le faltaba razón.
Con autoconfianza, capacidad de liderazgo y fidelidad a sus principios, Springsteen ha devenido tótem gigantesco y tan eterno que, cuando nadie se acuerde de los Rolling Stones, REM, U2, Queen e incluso quizá de Dylan, él resistirá incólume en el imaginario colectivo, ya sea de espaldas, como en la portada del LP ‘Born In The USA’ (84), o de frente, como en la del mentado ‘The River’. ¿Y por qué? Por ser coherente consigo mismo y haber cumplido sus deseos y sus sueños, lo que pocos mortales consiguen y tantos oyentes no le envidian, pues se identifican con él, el Boss.

Nunca decepciona

Dijo una vez Bruce Springsteen: «El rock and roll es lo único que no me ha decepcionado». A muchos nos pasa lo mismo. Lo que sucede es que determinados intérpretes de rock sí acaban decepcionando. Objetivamente, Springsteen ha aburrido en disco en numerosas ocasiones desde finales de los 80, pero no ha perdido ni el cariño que se le profesa ni su talla legendaria. Él no ha cambiado en lo sustancial. Que en su día se casase con una modelo de la que se divorció y que a la hora de componer llegase a inspirarse en que no dan nada interesante en la televisión, es anecdótico.
En lo esencial, Bruce no ha cambiado de dirección. Sigue ejerciendo de portavoz de la amplia clase trabajadora yanqui, de los metalúrgicos del este a los jornaleros del oeste, de los tractoristas del medio oeste a los vigilantes de la frontera sudista, de los técnicos de los pozos petrolíferos de Alaska a los marines en combate en Irak. No en vano, una de las últimas recuperaciones artísticas la logró con el álbum ‘The Ghost Of Tom Joad’ (95), su adaptación de la novela de John Steinbeck (sí, hay película de John Ford con Henry Fonda) en la que uno de los personajes suelta esta sentencia universal: «Si ser rojo es querer trabajar menos y que te paguen más, yo también lo soy».
Sin dejar de merecer el cariño de sus fans, quizá Bruce haya escuchado tantas veces eso de que es portavoz de la clase trabajadora que al final se lo creyó demasiado y se apuntó a la campaña anti-Bush de las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses, en las que George Bush logró un récord absoluto de votos gracias al apoyo de la masa silenciosa, según la definió Nixon. Inmigrantes hispanos, paletos sureños, religiosos del desierto, los militares, conservadores de clase alta y rockeros como Alice Cooper o Johnny Ramone revalidaron su confianza republicana en Bush Jr., que ahí sigue.
Y quebrando el respeto tradicional que merece el presidente de su país al común de los ciudadanos yanquis, el Boss también continúa emperrado en señalar a Bush. Así, en octubre decía dolido sobre la etiqueta de antipatriota que varios peridistas le han colgado por criticar la guerra de Irak en su último álbum, ‘Magic’: «Cuando la gente piensa en la identidad de Estados Unidos, no piensa en la tortura, no piensa en escuchas ilegales, no piensa en que no exista el habeas corpus. Esas son las cosas que son anti-estadounidenses».
Igual que Zapatero, Springsteen apoyó a Kerry, el candidato demócrata, al que votaron intelectuales, pero no tantos trabajadores. Quizá el aura del Boss se haya mellado a causa del posicionamiento político actual tan visceral del cantante y su capacidad de atracción y de convicción se haya resentido por tales porfías. Aparte, paradójicamente, de por su estupendo homenaje al cantautor folk Pete Seeger ‘We Shall Overcome’ (06), un catálogo de canciones protesta de color rojeras cuya gira subsiguiente no llenó los locales, hecho insólito que no le sucedía al rockero desde que se hizo estrella hacía un cuarto de siglo.
La sociedad yanqui es individualista y competiviva y se identifica con la patria, mientras que la europea confía en que el Estado le arregle la vida. Por eso quizá no le agrade oírle en plan Pepito Grillo, insistiendo plañidero: «Han sido años descorazonadores, rompecorazones, por no hablar del enfurecimiento». Así pierde fans.

Fiel a los suyos

Pero Bruce es fiel a sus ideas. Por eso está chocando con la realidad. También permanece fiel a los suyos. Sigue con su segunda esposa, Patti Scialfa, a pesar de los rumores que le emparejaban con la viuda de un bombero fallecido en acto de servicio durante el 11-S a la que conoció en un coloquio televisivo. No olviden que Springsteen renació de sus cenizas con el CD ‘The Rising’ (02), inspirado en el ataque contra las Torres Gemelas y en el que se reunió con la E Street Band tras casi veinte años sin grabar juntos.
Es tan fiel a Scialfa, su segunda esposa (la primera fue la modelo), que ella sigue en su casa al cuidado de sus hijos y permanece en el seno de la banda, atenta para robar planos a los demás músicos, que no la acaban de aceptar porque es una pija pelirroja ajena al hábitat de clase trabajadora. No es broma. El más celoso de ella es Clemons.
Bruce, rocker al fin y al cabo, aún mantiene los pies sobre la tierra y no ha perdido su abrigo de humildad. Así, este millonario que hace numerosas donaciones benéficas con carácter anónimo (no, no se trata del típico progresista que trata de arreglar el mundo con el dinero de los demás), colabora a menudo con amigos de toda la vida y otros roqueros que empiezan. Recientemente ha sacado tiempo para codearse con Joe Grushecky (de Pittsburgh, Pensilvania, maestro de día y rockero de noche con el que Bruce ha ofrecido numerosos conciertos benéficos y que colabora cantando, componiendo y tocando en su novedad), Elliott Murphy (mudado de Long Island a París y habitual de los tablados vascos) y Jesse Malin (antiguo punk neoyorquino famosete con D-Generation y al que Bruce le echa un cable coreando en su balada ‘Broken Radio’).

Nueva Jersey

Bruce Frederick Joseph Springsteen Zirilli nació en Freehold, Nueva Jersey, el 23 de septiembre de 1949. Su padre era irlandés (Douglas Springsteen) y su madre italiana (Adele Zirilli). A pesar de que al otro lado del río Hudson está Nueva York, el centro del universo, él siempre ha vivido en Nueva Jersey. Desde esa orilla miró impactado el colapso de las torres gemelas, y por sus playas pasea con sus hijos.
    En 2006, Nueva Jersey contabilizada 8.724.560 residentes. De ellos,  1.117.191, el 13,3%, eran de origen hispano, sobre todo portorriqueño y cubano. En las viejas canciones de Bruce salían antaño personajes hispanos, como ‘Rosalita’.
 
< Anterior   Siguiente >
La Voz Digital RSS